Mientras Jesús con su borrico ingresaba al templo de María Auxiliadora en medio de los cánticos y alabanzas que coreaban los cientos de fieles que asistían a la tradicional celebración del Domingo de Ramos, el cura de turno daba un particular mal ejemplo: batía animado, en el altar del templo católico, una pequeña Palma de Cera, una más entre las tantas que abundaron en el corto recorrido de la procesión.
Mal ejemplo cuando el cura, consciente de la prohibición que pesa sobre esta especie que es el hábitat natural del loro orejiamarillo -en vía de extinción-, incentivaba su uso entre los fieles que asistían a una procesión corta, de no más de una hora de duración. ¿Cuántos loros sacrificados a costa de una simple celebración religiosa?
En el recorrido, además, fue bochornoso ver cómo tres vendedores de Palma de Cera, con varios ramos de esta especie, pasaban impávidos frente a los dos policías que acompañaban la procesión sin que estos se preocuparan por decirles nada. Ellos, obviando la inútil presencia policial, seguían el recorrido colándose entre la gente mientras promocionaban su producto al son de un cansón estribillo: “a mil, a mil el ramo, llévelo, llévelo”. La gente les compró incluso hasta el epílogo del recorrido.
La Palma de Cera, que científicamente se conoce como ceroxylon quindiuense, puede alcanzar los 70 metros de altura y solo se encuentra en territorios cuya altura sobrepasa los dos mil metros sobre el nivel del mar. Se encuentra principalmente en el departamento del Quindío, aunque también hay especies en Nariño, Santander y la región Andina.
Se dice que en Colombia apenas sobreviven unos 600 loros orejiamarillos. En Ecuador, desafortunadamente, la especie ya desapareció por la tala del árbol de la Palma de Cera. Mayor información en: http://www.colombiaaprende.edu.co/html/docentes/1596/article-121234.html
Mal ejemplo cuando el cura, consciente de la prohibición que pesa sobre esta especie que es el hábitat natural del loro orejiamarillo -en vía de extinción-, incentivaba su uso entre los fieles que asistían a una procesión corta, de no más de una hora de duración. ¿Cuántos loros sacrificados a costa de una simple celebración religiosa?
En el recorrido, además, fue bochornoso ver cómo tres vendedores de Palma de Cera, con varios ramos de esta especie, pasaban impávidos frente a los dos policías que acompañaban la procesión sin que estos se preocuparan por decirles nada. Ellos, obviando la inútil presencia policial, seguían el recorrido colándose entre la gente mientras promocionaban su producto al son de un cansón estribillo: “a mil, a mil el ramo, llévelo, llévelo”. La gente les compró incluso hasta el epílogo del recorrido.
La Palma de Cera, que científicamente se conoce como ceroxylon quindiuense, puede alcanzar los 70 metros de altura y solo se encuentra en territorios cuya altura sobrepasa los dos mil metros sobre el nivel del mar. Se encuentra principalmente en el departamento del Quindío, aunque también hay especies en Nariño, Santander y la región Andina.
Se dice que en Colombia apenas sobreviven unos 600 loros orejiamarillos. En Ecuador, desafortunadamente, la especie ya desapareció por la tala del árbol de la Palma de Cera. Mayor información en: http://www.colombiaaprende.edu.co/html/docentes/1596/article-121234.html
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